miércoles, 2 de mayo de 2018

Uno y ella


Estuve sentada, mi espalda dirigida a sus ojos, yo evitando observarla, ella pidiéndome permiso, ella no queriendo incomodar, yo con sensación extraña pero no incómoda, mi zona de confort esta siendo modificada con el paso del tiempo, la manejo como se me antoje, me retuerzo, me conmueve, y no se mueve más, es lo ideal, pero a veces le temo mucho.

Yo con mi laptop encendida, mis ojos dando vueltas, lapicero en mano, hojas por montón, tenía fichas pendientes que llenar, en eso estaba yo, ese era mi plan mañanero, y de repente rogaba que mi ojo cerca a la nuca me sirviera más que nunca, jamás fue así. La sensación del lugar y de los cuerpos eran la cósmica necesaria para pretender saber lo que pasaba. 

Ella con su cabellera oculta, con lentes y descalza, inicia un proceso nuevo para mí, rutinario para ella. Yo trataba de conjugar todo el cuadro, las personas, lo abstracto, los tangible, el aroma, la materia, la tecnología, las preguntas, las ideas, las creencias, mi ideología, mi ser y su momento. Era un espacio sin forma, tal vez angustiante para el de afuera, sin embargo, controlable por una fuerza sobrenatural, un ser de pensamiento y omisión.

Ella no sabe de mí, yo no se de ella, solo la amabilidad y aire cotidiano nos conoce, nosotras no, tal vez eso hace más difícil nuestra convivencia, ella desaparece, yo no la busco y eso se transforma en una calificación instantánea, creo que ella no sitúa sus ojos al "self", ella grande y fuerte, se transforma en diminuta y fiel, y el querer externo es muy diferente. Sube la mirada y agacha la cabeza, no tiene dirección pero si ideales, no tiene temores presenciales, confiar es una palabra fuerte y aterradora, yo le aterro, y yo no soy fuerte, yo no.

Ella no necesita campanas para dirigirse a un santuario, ella no necesita alcohol para hablarle, para pedirle, para entablarse, ella no. Ella se sitúa en sus piernas y brazos sobre el piso, y alaba, grita en su interior y besa mucho, agradece aún más y se castiga de forma incoherente.
La belleza en sus ojos cristalizados son su mejor "yo". Su relación más cercana la tiene con uno y uno tiene miles de relaciones, uno es fiel, uno está en libros, uno está en cuadros de texto, uno está en la mente de todos, uno no se ve, uno no respira, uno vive, uno no está.

Ella se conmueve con historias de uno, ella cree en uno por lo que escucha, por lo que lee, porque le atrae todos los días, desde que nació, ella ama a uno.

Aterrizó con dolores que crecían en intensidad y se desmoronaban en espíritu, le pidió perdón a uno y uno la abrazó.






- La de los cabellos cortos desordenados.