Me detuve. Tenía que cenar. Así fue, preparé la cena de noche, del día miércoles. No hablaba con nadie. Mi actitud era neutra, eso es bueno, sin embargo, deseos de una conversación intensa no eran lo que estaba deseando con ansias. Me dirigí a la cocina, pensé algunos segundos, inicié, terminé, comí y nada más pasó. Bueno, eso es lo que yo creía. No estuve con mi celular en mano porque ese hubiera sido uno de mis momentos más innecesarios. Estoy intentando alejarme de la tecnología en las horas de comida y en el trabajo. En realidad voy bien, pero podría hacerlo mejor.
Observé detrás del cuadro de aquella vitrina. No me sentía tan yo, imaginé que existía algo más, ese algo más, lo inventaré yo, porque solo habían mas cuadros, más fotografías.
Semana intensa proyectada en un cuadro. Hablé dirigiendo mis emociones a una dirección de tan solo satisfacción. Necesito aquel libro que puede explicarlo mejor que yo. Pero aún no está en mis manos.
Sacudes tu cabeza. Reestructuras tu pensamiento básico. Realizas los ajustes necesarios. Corres mucho en un solo lugar, acostada con tu mirada horizontal. No tiene sentido nada de lo pensando y de repente caes rendida en un sueño incapaz de presenciar.
Fue un cúmulo de cosas.
Conversaciones con mucho temor.
- La de los cabellos cortos desordenados.
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