domingo, 17 de abril de 2022

Y al tercer día, lo escribió

Escribir en la madrugada un simple hola tiene consecuencias. Pienso más de lo que me permito, me asusta pero lo torno a mi favor.

Las tinas deben ser de un solo color, deben tener luces amarillas, y deben contar una historia con el silencio de fondo. No lo vi, pero, lo convertiste en un poema, repetías que querías que te acompañe. Es curioso recordar las palabras exactas, las tengo bastante claras, me remueven cuando las recuerdo con mis entrañas. Me hace fruncir el ceño cuando las recuerdo con mi mente en blanco, entonces por eso y por más creo que fue memorable. Lo es para mí, es suficiente.

Tengo teorías de lo que pasó, pero solo las compartiré en algunas páginas de mi libro, el que lleno siempre que puedo, el que está en mi mesa de noche, en el que no te he mencionado aún, pero hay cartas en cajones que llevan tus iniciales, has estado presente, de una manera que no te voy a detallar porque el encanto ya se perdió, aventura de horas cruciales, así lo llamaría, te lo quiero susurrar y preguntar para que sea aún más memorable, tú haces que todo lo sea, eres tú, simple.

La pena invade por tu falta de lucidez, que por ausencia de ella en momentos de oro, te estés perdiendo de lo que dijimos en voz alta y lo que nos dijimos en silencio con nuestras manos encima. De mis versos favoritos, pero no lo entenderías, lo complicado siempre lo pongo yo, pero la dosis de rareza es de tu parte, cuando bien sabemos que son compañeras de piso.

Sé que amas el agua caliente, sé que es de lo poco que te reconforta y te hace feliz, sé que conmueves a tus entrañas con esas acciones, y que tienes pensado volver para hacerlas feliz. Quiero acompañarte.

Te dije que no me llevo bien con el agua caliente, en ninguna presentación. Mientras más fría por la mañana mejor, porque así despierto y todo es miserable a un nivel digerible, la rareza que nadie tiene que saber, que nadie pregunta, pero siempre será parte, es mía, me encanta.

Mi mano sobre tu pecho es una imagen gloriosa, comprender es algo que no me quita el sueño, admirar y disfrutar es lo único que me reconforta, voy por las calles con eso conmigo y todo va mejor de lo que podrías imaginarte, no era yo, era mi interior confesándose y queriendo entrar, no fue tan valiente, solo examinó el campo minado y se quedó hasta que explotó.

No me saludaste, me arrullaste con ese beso y decidí cuidarte, decidí priorizarte en todo momento.

Estuve ida, no sabía diferenciar lo correcto, incorrecto, saludable, buena idea, peligro. Mucho menos sabía lo que realmente necesitabas, porque me decías todo muy rápido, querías un abrazo, pero querías seguir tomando, querías dormir pero querías que este contigo, querías volar pero no quería aterrizar juntos. Estaba hecho un lío y nunca me quise ir.

Puedo vernos como una obra de arte desde lo alto de ese espejo, puedo vernos confundidos, con temperaturas a los extremos, preguntas en nuestras cabezas y muchas ganas de no romper la burbuja. 

Recordar escenas, significa atraer tu aroma, tus brisas, tus poros libres, tus suspiros, tu libertad en la mirada y sorpresas en tus manos, maldita sea, mucho que describir, poco que explicar.

Mientras la luna desciende, el sol asciende y el enredo de sábanas es nuestro desayuno, el auto espera y la distancia vuelve a ser nuestra intrusa compañera, todo corre como nuestros labios y relojes conspiran.


Cuidado con escaleras, puertas, veredas, pistas, pisos mojados, luces de colores y abrazos intermitentes. Todo lo anterior y sobretodo lo último se cruzan por las madrugadas con poco equilibrio y bastante deseo.



Concédeme un atardecer y desaparezco.






- La de los cabellos desordenados




No hay comentarios.:

Publicar un comentario