No conozco al monstruo de tu cama, pero si al monstruo de tu corazón.
Lo conozco desde que me habló, desde que tomaste oxígeno por mi cuello, desde que me suspiraste entre mi cabello, desde que me pedías un abrazo con destello. Desde que tuve la dicha de obtener más que un abrazo de "todo va a estar bien". Gracias al cielo aun sonrío, pero no con alegría que reflejas tu a cada segundo, que linda tu vida, que linda tu sonrisa, que linda mentira vives.
Solo tu sabes a quien debes agradecer por esa sonrisa tosca, dulce, maldita y enamoradiza que tienes, porque si fueses un ovni con esa sonrisa seguiría pensando en ti como desde aquella primera vez sin motivo de explicación, al presentarte como la música de mis fines de semana.
Tu monstruo interior quiere conocerme pero tu no lo dejas, por temor a curarte y ser feliz en su plenitud.