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domingo, 4 de febrero de 2018

Fábula: "Camino Ignaciano"


Estiro los brazos, elijo la playlist perfecta e inicio.

Tuve rumbo a Jaén Cajamarca junto a todo un equipo. Una experiencia desde otra perspectiva.
Yo había vivido el "Camino Ignaciano" como participante, como niña que se deja sorprender con cada detalle, eso fue en el año 2015, cuando mi cerebro tenía una configuración diferente. Hoy 2018, se enfocó en girar con mecanismos indefensos pero determinantes, que lograron hacerme vivir cada detalle desde la contra parte de la fábula.

Mi vuelo salía el 1 de enero, con ojeras, con sueño, con entusiasmo y energía entre escombros, estaba lista para partir, salimos de casa, llegamos al aeropuerto, recibí amor de mi mamá, seguí el protocolo de toda la vida antes de subir el avión, y ahí me veían, sentada al lado de la ventana deseando dormir por horas, pero me dediqué a filmar, fotografiar y enloquecer sola con mi caída de párpados.

Lima me recibía, caminé, me dirigí al taxi, saludé, sonreí y el nuevo rumbo se trazaba. Llegué a mi destino, fui recibida entre abrazos, besos en la mejilla y sonrisas. Empecé a comer a beber, dejé mis cosas en la habitación, me quedé dormida, me levantaron para ir a comer y al retornar sentí que la mejor noche fue aquella, necesita dormir esas maravillosas 8 horas que ya están impuestas.

Martes 2 de enero. El equipo se encontraba en proceso de reencuentro, llegaron algunos, los salude, los abracé, comimos algo y el taxi corría por nosotros. Llegamos. Más gente del equipo llegaba, estaba tomando forma de gigante empedernido. Vuelo retrasado. Jaén aún no nos quería en su tierra. Pasamos 1 hora en el avión sin movernos, 40 min en el aire y nuestro destino ya estaba incorporado.
Fotos, rostros enamorados del lugar, sensación de calor todo el tiempo, nubes formando una pasarela única, cielo azul con un valor inexistente, árboles que te dirigen al cielo, y un aroma de bienvenida inexplicable.

Bus cerca nuestro. Vámonos. La ciudad ya nos quería paseando, descansando, conversando, comiendo, disfrutando, organizando, riendo, etc.

Aquel día las noticias eran malas. La televisión se encargó de ello. Personas sin vida, preocupaciones a flor de piel, sentimientos estrujados.
Llegó el primer participante, saludos, abrazos, sonrisas y energía a mil.

Nos dirigimos a nuestro hogar por un par de semanas, un lugar el cual, la felicidad, tiene estructura real, te sentías en un palacio con mucho espacio.

Posicionamos material, maletas, mochilas, cuerpos, energía, etc. Teníamos tareas pendientes. Reunión, conversaciones serias entre risas, era un plus. Hablábamos de la bienvenida a los participantes, de lo que les esperaba, de las indicaciones, de las normas, de los ambientes, los grupos, las comidas, el día a día. Recuerden: "Sería nuestro hogar".

La noche nos acogía, la naturaleza también. No podíamos dormir, tenían que jugar, jugamos. 

Miércoles 3 de enero. Como gotas iban llegando, cada uno de nosotros (equipo), comunicándose con sus entrevistados, los míos, Pablo V, Alejandro y Nicole. Ellos sanos y salvos ya se encontraban en Jaén, luego en el Huito y un poquito de estrés se alejaba. Luego al ver a mis compañeros de Tacna, Valeria y Brayhan, sanos y salvos, sonrisa plasmada y energía a mil, regresaba a la tierra en modo paz. Y al ver a todos reunidos, era ya todo.

Algunos llegaron a comer, otros a descansar, otros a conocer el lugar, a conversar, y así miles de cosas, que te imaginas al llegar a un nuevo lugar.

Mi alegría crecía al reencontrarme con gente linda que ya conocía, que ya había compartido anteriormente. Dennise, Pablo T y Miguel. 

Nos dirigimos al salón central, les entregamos el material a cada participante, entre sonrisas, y conversaciones. Se unía norte, centro y sur del Perú, pero no era todo. Un energético Bolivia y un unido Ecuador completaba el panorama perfecto.

Los días de comunidad y convivencia formalmente iniciaban. Ellos y ellas en una parte del Huito que les obsequiaba una vista increíble. Yo, una vista preliminar de insectos que intentaban apoderarse de mi alma. Siendo yo la exagerada por mil. Felizmente siempre había compañeros dispuestos a dejar mi alma tranquila cuando alejaban a aquellos bichos. Ya mucho espacio en el palacio señores.

Pasaban los días, las tardes, las noches, compartía poco a poco con las delegaciones, todos con una vibra tan bonita, me sentía como en casa, cada persona tenía la lengua desatada, compartían, conversaban, comían, reían, escuchaban y vivían en comunidad. 

Días de autoconocimiento. Actividades desde varias perspectivas, en fin, arte. Dibujar, pintar, escribir, descubrir, experimentar, observar, recordar, configurar.
(Andrew Bird - Valleys of the young) 

Cada noche el equipo se reunía, no es un secreto. Ideas, pensamientos, vocabulario sobre la mesa. Momento clave. 

Cambios de lugar, re-ubicación, humanos a sus posiciones, así como "Conejos a sus conejeras". Paseos en la carretera, el compartir jamás tenían fin.

Más etapas, más momentos, más silencios, más aprendizaje, más descubrir.

No quiero desarrollar etapas o momentos, puedo arruinarte un pedacito de vida si decides partir a esta experiencia. No lo quiero arruinar.

¿Cómo desarrollé la fotografía en este pedacito de vida?

Wow. He escrito muchas hojas de esto, cuando estaba en Jaén escribí y capturé momentos, descubría que era mi mejor forma de decir lo que me pasaba a mí y a todos ahí. 


Quiero mencionarte, pero no eres tu, son todos.
Se siente reconfortante haber sentido más de 40 abrazos de forma tan distinta, cada uno transmitiendo tanto que lo reconstruyo con tan solo recordar.

Aprendí de todos, de cada uno de ustedes, del equipo, de los participantes, de sus ocurrencias, de sus risas, de sus sonrisas, de sus análisis, de su toma de decisiones, de sus errores, de sus pasos, de sus valores marcados y sobre todo, de su fe. De aquel amor incondicional en cada cosa que realizaron, el escuchar a un niño, el jugar con él y ella, con el compartir junto a la comunidad, junto a todos, junto a ustedes mismo. Es tanto.

Es increíble como puedes re-descubrir algo con tan solo el compartir sin necesidad de pedir. Me han dando tantas lecciones, todos.

Porque Dios en su palacio siempre tiene espacio. 
#CaminoIgnaciano2018

El huito








- La de los cabellos cortos desordenados.