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viernes, 20 de octubre de 2017

Velada del 7 de octubre


Aprieto mis manos, miro alrededor, escucho mi canción favorita de estos últimos días, tomo una sopa cuando detengo mis dedos, frente a mí una rosa de papel gigante, y al otro extremo mío, mi hermana viendo una serie muy concentrada. (Panorama actual)


El cinco de octubre del 2017 viajé a Lima. Iniciemos los verbos. Comer, beber, embriagar, alcoholizar, festejar, bailar, caminar, estudiar, comprender, escuchar, visitar, besar, abrazar, descansar, observar, analizar, saltar, fumar, sujetar, duchar, dormir (aunque hubiera preferido no hacer), manejar, conversar, gritar, pasear, escribir, compartir, publicar, fotografiar, filmar, correr, respirar.

El seis de octubre me cazaron, me atraparon y fui presa fácil. En realidad no, ambos fuimos animales atrapados, solo faltaba unirnos. Las redes sociales eran nuestras aliadas desde tiempos memorables, aquel día fueron nuestro pulmón. 

Yo ubicada en varios lugares en cuestión de segundos, él de compras de un lugar a otro. Días anteriores teníamos previsto festejar, "la noche es corta", en realidad si lo era, pero en un "Mírame a los ojos - Jajaja-" se detenía el tiempo con risas y sin excusas.

Llegaba a mi ubicación y me cambié, no tenía la decisión final, no tenía frío, tampoco calor, no sabía si meterme a la ducha hasta derretirme, o sabotearme y dormir, mientras los demás se iban de fiesta. Tan solo cogí la ropa y me cambié, mi celular no funcionaba, no prendía, fue en ese instante y lo que restó de la noche, que mi odio a la manzana mordida iniciaba. El vestido azul con cuello bebe rosaba mi piel, las pantis negras de igual forma, me agaché por las zapatillas, busqué el collar indicado, sacudí mi cabello, pinte mis labios oscuros, no estaba feliz, los pinté rojos, di un salto, respiraba de forma muy consciente, regresé a la habitación, cogí mi cámara, cogí mi cartera, dinero, busqué mi personalidad, atrapé la sonrisa y me dirigí a la puerta, me despedí del grupo en la sala y dije "Ya vengo", una de ellas me vió me sonrió y me dijo "uuuy, te vigilaré desde la ventana, desde aquí lo veo todo" y en mi mente me decía "Maldita sea, es cierto" por eso amo su hogar. Mi otra amiga también sonrió al verme y tenía una sensación estupenda, ya quería verlo. Salí del lugar, me dirigí al ascensor, baje 9 pisos, mientras que me miraba y miraba las 4 paredes, en el primer piso debía decir "Hasta luego", salí del edificio, cruce las líneas peatonales, y él estaba a pocos metros de mi "desorientado" aunque yo tengo otra teoría del momento.

Nos saludamos, aunque primero salude a su espalda y luego a su rostro. Nos obsequiamos un abrazo e inicio la caminata y la conversación. Sujetaba mi cartera en momentos precisos porque creía que se caería pero solo fue una acción sin importancia. El parque Kenedy ubicado en Miraflores era el escenario de nuestra velada. Nuestros temas de conversación fueron diversos, fueron muchos, todos con algo oculto, luego lo descubrí. Nos detuvimos para sentarnos y "descansar" pero lo creía innecesario, continuamos la caminata y fuimos a uno de mis lugares favoritos, Larcomar, siempre que voy a Lima voy a ese lugar. Una historia a los 18 años tiene la culpa. Desde esa edad me gusta ese lugar, es que en realidad Larcomar es más que tiendas, patio de comidas, bares, etc, tomenme en serio, es mucho más que eso.

Detalles de la conversación camino a ese lugar no los daré, aunque inconscientemente lo hago, esa habilidad es innata, "No lo quiero decir, pero  lo digo", tonto pero me pasa.

La libreta. En el camino el aroma del mar era exquisito, deseaba quedarme ahí a contemplarlo de por vida, él y sus anteojos fijaron puntos en un objeto, una libreta, según yo algo peligroso, una bomba, algo negativo sea lo que sea, yo exagerando, yo siempre. Él se reía de mi, yo tan solo continuaba caminando y firme en mi posición de lo peligroso que era tomar algo encontrado en la calle. La gente alrededor era suma cósmica inusual y perfecta, era el momento de disfrutar a todos, al momento y sobretodo la compañía.

Llegamos a tomar asiento, a ubicarnos uno frente al otro, inicie tomando fotos de él, el cogió mi celular e iniciamos a filmarnos, tomar fotografías, reír, contar cosas y continuar con lo usual. Luego de tanta charla ambos teníamos hambre y nos dirigimos a un lugar nuevo para mi, "Papacho's". Él ya tenía claro que pedir, bueno su lenguaje no verbal me decía eso, fui yo la que no tenía claro nada. Al final decidí. Quiero hacer énfasis en la hora, creo que eran 12:10 am aún había gente comiendo me sentía más tranquila, nos sentíamos más tranquilos, pero se iba uno tras otro, pero no estaba muy observadora en cuanto a eso, mi objetivo era él, era conocerlo, era vibrar, era compartir, era transformar ese pedacito de vida con un compañero de velada. Habíamos llegado al lugar indicado, crayolas y papel, eso es fantástico, siempre quise ir aun lugar de comida con aquello. En Cuzco tuve la opción pero jamás se concretó. Lima estaba a mi favor, en realidad, estaba a favor de ambos, de una combinación nueva, extraña y muy cálida. Nuestros platos llegaron, las hamburguesas gigantes estaban queriendo estar entre mis dientes, pero la guarnición de camote me estaba enamorando aún más y la devoré, mi compañero era libre de coger los que deseaba y así fue, todo era preciso, todo era perfecto, mi dibujo, mi comida, mi lugar, mi viaje, mi compañía, todo se transformo a mío desde que decidí pensar en conjunto pero desde mi anhelo.

La hora no se detenía, recuerdo que ya eran casi 2 am y mi cuerpo era feliz, pero siempre lo bueno debe acabar, salimos del restaurante, entre luces, música, voces, mar y fantasía. El malecón nos esperaba, tenía que distraerlo, lo había abrazado por el frío, tenía que huir, la caminata de regreso fue una lección de como filmarte a ti mismo sin sentirte tonto, lo hice y me sentí como siempre, siendo yo. Él lo intentó, lo logró, estaba siendo él a través de una cámara. 

Mientras hablaba con él, compartí situaciones en vocablos y compartí extractos de mi vida, algo que siento perdido en muchas personas. Se pierde tan velozmente que me asusta. Él me obsequiaba fragmentos únicos, su realidad, su historia, su día a día y sobretodo, me obsequió tiempo, agradecida por eso, fue estupendo.

Llegamos nuevamente al distrito donde me esperaban y decidí desviar el camino inicial, y él aceptó, y la risa fue su mejor amiga por más de 5 min, si estas leyendo esto, eres un loco encantador, te mereces el amor de esa mujer. Cruzamos muchas calles, yo estuve seria por algunos minutos por personas ajenas, luego expulsé algo que no me agradó. Continuamos el recorrido y las preguntas no estaban ausentes. 

Llegamos al parque, fuimos a las mesas de ajedrez, le pedía a la luna que me abrigara porque el frió me invadía, le pedía al sol no salir, le pedí a él respuestas. Nos pusimos de pie luego de 40 minutos, nos dirigimos a un pasaje solitario, seguíamos en modo curiosos, queríamos saberlo todo, pero eso jamás se lograría, saberlo todo de alguien en una noche es para extraterrestres, para humanos se trata de un constante compartir.

La frase de la noche "¡Que fluya!". Lo logramos, fluyó perfectamente, fluyó con abrazo de inicio y de final, abrazo con sabor a "Vuelve pronto". La puerta del edifico nos contuvo, se convirtió en testigo, el aroma del pronto amanecer fue el pilar del fin de la velada. 

Y se convirtió en la velada del 7 de octubre.

El tiempo, el móvil y el arte de la velada.

Tu voz sobra en el momento que decides dibujar o escribir, con la presencia de alguien nuevo. Al iniciar la interpretación lloras, te retuerces, mueres confundido. 

Me suele pasar, ¿y a ti?




- La de los cabellos desordenados.