Hace una semana exactamente, recibió un mensaje, este venía con buenas y malas noticias, noticias entreveradas y constipadas. Fue un mensaje directo. No esperaba algo menos pero si algo más. Terminaba esto, e iniciaba aquello también, las cosas no podían quedar inconclusas. De repente sostuvo el mensaje con mucha tranquilidad pero no sabía con exactitud lo que debía hacer, o peor aún, no sabía la respuesta para aquel mensaje.
Sabía de quién era el mensaje, sabía la intención del mensaje, sabía la consecuencia de ese mensaje, pero atinó a responder 4 minutos después. Diciendo que "Veía venir ese mensaje a ella en cualquier momento, pero no creía que sería ahora". El mensaje tenía como remitente "Hombre que cumplió".
Ella despertaba aquel domingo con ese mensaje, porque la noche anterior estaba de fiesta, estaba tratando de ser ella con vestido e ideas espontáneas. Pero sin duda, la mejor alarma fue aquel mensaje. Cabe aclarar que la despertó el mensaje, más no la levantó, al contrario la tumbó a la cama con una mirada perdida a aquella prenda favorita, pasando mucho tiempo, tal vez por horas, escuchando música, queriendo destruir el mensaje para creer que jamás lo recibió y miles de excusas.
Quedó plasmada. Recogió su mirada, tomó su cuerpo y decidió dormir por más tiempo. Decidió olvidarle, tenía que. Había llegado a su fin un pedacito de vida compartida. Ya no quería recibir mensajes por un largo tiempo.
Su juicio solo se detuvo a aceptar la situación, y antes de que alguien se imaginara el mensaje, lo mandó a personas extrañas intentando hacer un experimento social, cruel y determinante para los frágiles.
Le respondió: Tan solo no existas, vive, pero sin recuerdos.
- La de los cabellos desordenados.