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martes, 23 de junio de 2020

Día 100.


Cien días en los que dormí mucho.
Comí poco.
Abracé aún menos.
Escribí bastante.
Tome fotografías, pero nunca suficientes.
Sujeté menos mis pechos.
Luego de meses sin llorar, lo volví a hacer.
Cociné un par de veces.
No tomé desayuno por varios días.
Descubrí música nueva.
Escuché música todo el tiempo, al despertar, al dormir, al comer, al llorar, al llamar a alguien, al sentir miedo, al sentir calma. Escuché música mientras me duchaba, filmé y editaba vídeos y fotografías. Escuché música mientras debatía con un amigo, escuché música mientras lavaba ropa, mientras me vestía, repito, escuchaba música todo el tiempo.
No hablé con nadie por 24 horas.
Miré series pero no las vivía como solía hacerlo.
Comí pollo a la brasa hecho en casa.
Celebré dos cumpleaños.
Vivía de noche y moría de día.
Mando audios por IG a diario.
Utilicé mi celular tanto tiempo, presiento que ese fue el motivo de mis dolores de cabeza constante.
Mis pies estuvieron helados casi siempre.
Durante estos días, estornudé mucho, pero no pensaba en el Covid, si no en una posible alergia.
Me obsesioné con el punk ruso y el hip hop francés.
Hice videollamadas.
Hable hasta la madrugada con un desconocido.
Tuve clases a través de Zoom.
Estaba apunto de audicionar para una puesta en escena.
Filmé muchos videos, algunos me gustan, otros los detesto.
Utilicé labial solo 4 días.
Inicié a filmar videos hablando de cosas que me interesaban.
Subí historias en Instagram hablando de síndromes raros.
Recomendé una de mis series favoritas.
Me enojé con mi roomie.
Terminé y reinicié algunas cosas pendientes.
Me descargué apps de citas.
Probé nuevas apps para edición de fotos y videos.
Encontré un nuevo uso para mi agenda.
Escribo documentos diarios para una empresa, la cual no he visitado aún.
Durante esta cuarentena de 100 días he descubierto que los consejos que das no son escuchados.
Fui modelo por un día.
Dentro de los 100 días, me incomodaban detalles.
Tuve reuniones por Zoom desde la comodidad de mi cama.
Hice trámites con pijama desde la comodidad de mi cama.
Tuve una videollamada con una trabajadora de la Sunat en Pijama, lo más random de mi cuarentena.
No he pedido nada por delivery.
Me he enojado con mi mamá.
He colgado llamadas.
No he contestado llamadas y videollamadas.
Empecé a trabajar desde la comodidad de casa.
No he visto el atardecer desde hace mucho, febrero creo.
He revisado fechas de vuelos baratos a diferentes destinos.
No he dicho lo que siento muchas veces.
He mandando videos a punto de llorar, pero me controlaba o no los mandaba.
Descubrí que me palteo en transmisiones en vivo.
Descubrí que amo los libros en físico.
Pasé día del padre y de la madre lejos de los míos.
Converso con gente de otros países.
Practiqué mi inglés.
No volví a usar el estuche de mi laptop.
Realicé un test para saber mi nivel de "pureza", sí, una cojudez.
Terminé series y no sentí nada.
Aún no veo las películas de las que todos hablan.
Elegí el peor momento para mudarme, pero no lo sabía.
Planeo reencuentros en mi cabeza siempre que puedo.
Escribí cartas.
Filmé videos de cumpleaños.
Leí más sobre trastornos de personalidad.
El libro "Desarrollo del niño" se convirtió en mi biblia.
Recuerdo lo mejor de enero cada vez que me voy a dormir.
Mi rutina cambio por completo.
Me emocioné con cosas insignificantes.
Molesté a mis amigos y amigas para hacer tiktoks en grupo.
Los zancudos me comieron viva.
Bebí alcohol en una videollamada.
Brindé con champagne.
No respondí mensajes.
Revisaba mi correo electrónico a diario.
Mi estado de cuenta me preocupaba.
Mi estado de ánimo cambiante, que esperaban.
Vi muchos memes.
Leí muchos hilos en Twitter.
Olvidé como es cuando te sacan plan.
Pongo cara de culo cuando me dicen algo bonito pero tiene trasfondo machista, hdp.
Lloré de impotencia.
La última vez que salí de casa fue hace 1 mes, fui al supermercado a comprar cosas de aseo y una bolsa gigante de Doritos, uno de los mejores días de mi vida.
Cuando llovía no salía, me deprimía.
Me di cuenta que mucha gente comenzó a filmarse para sus historias de IG pero antes de cuarentena rajaban de la gente que lo hacía.
Vi a ZJZ bailando reguetón, tomando cerveza y siendo personas comunes y corrientes.
Asistí a misa de forma virtual.
Leí poemas a diario y encontré mi favorito.
Tuve actitud de persona fría y cuando me di cuenta me cuestioné tanto que no quise mencionarlo.
Le di muchas vueltas a letras de canciones,  quise descubrir el detrás de todas las metáforas.
Participé en un concurso de fotografía.
Pinté mandalas.
Me aprendí mi canción favorita de Alemán.
Preparé pie de limón.
El té verde es mi compañero de desayuno y de cena.
Me insultaron por Ludo.
Me uní a grupos de fotografía, lectura y psicología.
No uso jeans ni zapatillas desde hace 100 días.

Seguramente aún mas cosas pasaron y están pasando, sin embargo, ese listado sería sin fin y los detalles no los vas a descubrir en un texto de este tamaño, para ello, necesitarías el libro completo.


Enredo




- Desde la comodidad de mis sábanas.


martes, 17 de marzo de 2020

¿Neptuno tiene algo que ver?


Hay algo que no te dirán mientras estés en cuarentena. Darás miles de vueltas en casa, tendrás ganas de hacer cosas imposibles y no las harás, te morderás los labios, comerás más de lo que estabas acostumbrado, piensas en tu vida a detalle, como si estuvieras en prisión por 30 años, tus pedazos de tiempo son eternos, tu trabajo es lo menos importante, tu autoestima entra en crisis o mejora abiertamente, llorar, ríes, te lamentas, escribes mucho, lees poco, escuchas hasta de por gusto, no tienes límites, conoces más a tus acompañantes, juegas tanto que se convierte en tu tarea principal, murmullas, sonríes, te encorvas, cargas tu celular más de lo esperado, amas tanto a tu cama que le das su espacio y te alejas de ella, piensas en hacer ejercicio, la ducha es tu mejor escenario, la ropa no se acumula como antes, tus cantantes favoritos te llenan tu alma de forma etérea, inicias un estado de limerencia, eres feliz más de 12 horas, practicas para las siguiente foto que, seguro será tomada de la nada, y tienes que estar preparada. 

Los días van pasando y tenemos más preocupaciones pero menos deseos de atenderlos, es cuestión de adaptabilidad que no nos creemos capaces muchas de las veces, es una cuestión de temor y golpes diarios de realidad, pero no cuesta aceptarlos, cuesta sacudir la cabeza para iniciar con las ideas de solución, pasa contigo, pasa con los demás, no contengas por mucho tiempo, el temor también agota.

El tiempo sigue pasando y no impide la creación de masas, aquí estoy yo, con la mente de unos cincuenta habitantes de Neptuno dentro mío, deshaciéndonos juntos de la mala hierba, se trata de un conjunto de designios que el mundo se irá comiendo poco a poco, y que delicioso será ver el mundo arder.

Neptuno tiene todo que ver en esto.

Se cierra el día dos de cuarentena con sábanas revueltas, almohadas a los extremos, toallas húmedas, cables a mi alrededor, y luces tenues deslumbrando mejor que nunca. 






Leer esto te hace seguidor del COVID-19









- La misma de siempre.

sábado, 7 de octubre de 2017

Aventura sin lunar


Tomar la decisión fue lo primero en cuanto a sucesos del día. Mis demonios saltaban mismo carnaval de verano, ese, que viene con emociones a mil, y un sol de los mil Dioses. Lo esperado era deseado menos mientras que lo nuestro era conyugado más. De repente sostuve mis ganas de escapar y corrí mediante un puente de emociones que iban de caída. No estaba segura de la decisión, así es, tome esa decisión con botas para agua en sequía extrema.

Estaba en el centro de un pedazo de ciudad, mi cabeza quieta y mis labios en movimiento por una y mil sonrisas que le mostraba a mi espejo, aunque en realidad quería sonreirle al conjunto de huesos de piel oscura que estuvo alguna vez frente a mi, y nuestra respiración iba como vuelo de águila. Corrí hacia una capa con significación de libertad sin aportación positiva, y me detuve para arrancarme en pedazos de conjugación de vómito verbal. 

Entonces al iniciar el atardecer, tome muchos cigarrillos y no prendí ninguno, fumé una brisa de encuentro repentino que no deseaba imaginar, ante consecuente previo tema de conversación. 

Quise corregir errores con palabras, quise sazonar tu amor con lujurias, quise soportar la ola verde de tu mano, pero te ubicaste en el lugar de la carretera de tierra falsa. 

Los edificios vuelan por la raíz, la ciudad está en vibra de muerte constante y yo estoy conspirando hacia ti, estoy conspirando para que te rompas y sea yo el pegamento deseablemente para tus huesos. Te detienes, abres los brazos, muerdes tus labios y te retuerces ante mirada fija.

Todo lo que pude explicar con líneas, se desplomaba cuando llegabas a la psique, de una fomra tan veloz, que nadie abrazaba a tu pensamiento constante.

En realidad uno es de donde camina descalzo sin miedo, aunque ya hayas susurrado tu nombre como tu mayor miedo, ante la oscuridad, o ante el desfasio con algun trastorno de personalidad.

"Buenas noches" me escribió, me configuró y me reafirmó lo de cada noche.






- La de los cabellos desordenados.

sábado, 2 de enero de 2016

Ojo de araña abrumada

Vale si te abrumas por momentos y tan solo tus manos saben cómo sacar esa mierda ubicada  dentro de ti? Solo quiero saber porque no puede mejorar todo con tan solo una conversación, en la puta vida que vivimos todo se arregla de la peor manera.

Seguro lo escribí molesta, decepcionada, lo escribí quejándome en mi interior, lo escribí deseando hablar contigo, deseaba tener una primera y última conversación contigo en la vida real no en la que llevábamos virtualmente.

Y pues termine igual de tocada de forma cursi y sutil. Nada se había solucionado.

Estabas escribiendo abrumada, estabas echando chispas con solo un poco de realidad, estabas siendo tú en modo típico - infeliz, estabas imaginándote una vez más la realidad que supones es la de todos y solo te pasa a ti.

Terminaste abrumada por momentos.

- La de los cabellos desordenados