Me enfermé por un abrazo.
Hace un par de días, casi una semana completa que despegué, me deshice de un estrés existencial amarillento entre rosas peculiares. Grite libertad entre murmullos sin miedo del envenenamiento ambiental, fui yo en plenitud.
Particularmente me siento hoy por hoy bien, pero si respondía eso hace días, diría que estaba excelente. Como dura tan poco lo bueno. Me dueles presente, me dueles.
Dos días después escribí algo que era un enredo de amor, pasión y ojos blancos y si lo leo ahora me derrito de vergüenza, no me agrada la idea de que mi alma reluzca tan libremente, cuando existen almas que lo hacen sin existir en pleno presente existencial. Me abrumas presente, me abrumas.
Segundos después el ambiente se invadió de abrazos, de lazos de manos y de besos sin fin. Luego dormía, luego observaba y luego regresaba a la tierra y se espantaba el clima.
Corrí para atraparte y no soltarte jamás, y se vinieron muchas cosas que me rompieron, pero me arreglé porque quería devolverte ese abrazo, aquel por el que me enfermé.
- La de los cabellos desordenados