Creo que las náuseas eran provocadas por tanta buena vibra, por pasarla tan bien, por la sorpresa de sentir más que adrenalina Se sintieron cosas de otra dimensión, por lo menos para ella porque no sabe de las cosas buenas en el aspecto mas extrañamente imperfecto que existe.
Un festín se organizaba y nadie lo veía venir, ella y su aspecto de "No quiero nada del otro mundo" y él con el universo de cabeza, pidiendo a gritos caricias y baba. Situación imperfecta, escalofriante, tímida, incoherente y con todas las puertas cerradas. Ellos habrían el alma, con los corazones cerrados, eran el premio mayor de un fin de semana.
No se podía conjugar más verbos con los cuerpos ocupados, la mente a mil circunstancias y estragos de confesiones nocturnas, sin embargo, se solucionó con distancia. Se jugó con la emoción y se imaginaron la playa en silencio y con poca ropa. Ella elevó su voz y cantó aquella canción, esa, la más patética de la mañana, luego se puso de pie y se miró al espejo por horas, sin sentir hambre, sin la necesidad de escapar, sin el miedo a lo extraño que vivía, sin provocarse lágrimas, tan solo se observó con los ojos en otra superficie de la galaxia.
Ella también ríe, casi siempre por la noche, debajo de su cama, china de risa, por la volcada de lágrimas del primer episodio, luego el pedacito de calma aparece, alentándola a jalar sus mejillas y no cometer delitos del grado que se imaginan, ella china no cometería delitos, pero si pensaría en el mejor suceso de su miserable vida. Ella es mujer y tiene tanta miseria como un hombre de 56 años , ebrio, tirado en plena pista, apunto de morir de un sangrado sin fin, así de miserable y poco estrictamente coherente cuando la edad tiene que enseñarte, no hundirte, pero siempre, siempre hay más.
Él y su estructura nos ubica en la delgada línea del ser vivo y el ser racional. Definitivamente él no es ninguno, por esa razón consiguió la aprobación y compañía perfecta, y aunque ya acabó la velada, no sabemos quien salió victoriosa o victorioso. Aunque ella haya confesado que la sorpresa sumaba puntos a una victoria que no veía llegar, una madrugada constitucional, jamás la la vio.
Corrían en sus esferas, ella con la espalda descubierta, manifestando muy tranquila que quería lo mismo de él, espalda cubierta de sus brazos y sábanas de dudosa procedencia, así y más incoherencias encontró semanas después, porque las veladas no te hacen lucubrar para bien, las madrugadas te hacen cerrar los ojos y balbucear sin la previa sinapsis, y no saben como se aterra de ello, sucede mucho en su psique que hasta le teme no pensar y hablar porque no confía en nadie, y cuando lo hace todo se descuadra, se forman círculos, triángulos, y los cuadrados perfectos salen corriendo con un plan de autodestrucción. La peor idea de la madrugada de un sábado.
No pueden salir corriendo con prendas pequeñas a las 4 am, el mundo los congelaría y definitivamente los juzgaría por la eternidad.
Las personas, las veladas, las madrugadas, las sábanas, los espacios, las pantallas, la adrenalina, las sorpresas, los miedos, la recurrencia, los mensajes, las palabras, los silencios y la música en silencio , les dijeron que no tenían que repetir el patrón, ambos no se quieren ver, ambos descansan en la gloria del paraíso rojo de pasión y lujuria. Ambos sienten serpientes de coco.
- La de los cabellos desordenados